Jesús en los niños

Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mateo 18:3)

Algunos domingos voy a la iglesia (católica) con mis hijos de 3 y 5 años. Si coincide con un trozo de misa, la seguimos dentro de lo razonable con ellos, de modo que no les sea un sufrimiento ni molesten más de lo aceptable al resto de asistentes. Cuando ya la entropía aumenta demasiado en ellos, nos pasamos a una capillita lateral, dedicada a la Virgen del Carmen, donde curiosamente, tienen en una esquina una talla de madera de la Pilarica, humilde pero muy simpática. Nos quedamos allí unos minutos “saludando y dando las gracias” a La Virgen en silencio, mis hijos introducen alguna moneda para encender velas eléctricas y miramos hacia la mencionada talla, aunque a veces también nos ponemos en el banco que mira a la talla principal del Carmen, sobre todo, cuando viene mi mujer. Luego nos “despedimos” de la Virgen y abandonamos la iglesia.

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El caso es que en esos ratos aprovecho para hacer algo parecido a meditación, a veces mientras recitan la liturgia o mejor cuando ya ha terminado la misa o después de comulgar. Normalmente me quedo mirando al retablo central relajado e intento dejar la mente en blanco y a la vez abierta, por si “Dios quiere decirme algo”. Sucede que el retablo de la iglesia de mi barrio es aparte de bonito, muy sugerente para la “meditación cristiana” y la comunicación con Dios, o al menos a mí me lo parece. En el centro está la Virgen de los Ángeles, con el Niño Jesús en brazos, rodeada de ángeles grandes y pequeños. Arriba hay una representación de Dios Padre (un señor mayor con pelo largo cano) y del Espíritu Santo (la paloma) y ambos lados del retablo, fuera de él y a nivel de suelo, dos tallas a tamaño natural de Cristo adulto, una con un niño, que debe de ser algún santo, pero ninguna crucificado, lo que conecta muy bien con mi visión vitalista del cristianismo. Delante del altar sí hay una cruz muy bonita con mástil. Las varias capillas contienen advocaciones de La Virgen, algún Cristo y un santo, que no es precisamente de mi devoción, no por él, sino por sus seguidores. Dicho esto, algunos de mis santos favoritos son Santiago, María Magdalena, Francisco de Asís, Teresa de Jesús o Juan el Bautista, pero creo que no tienen representación en esta iglesia y de todos modos rarísima vez me dirijo a ellos.

De modo que suelo fijar mi vista en La Virgen (ella fue la primera que “comunicó” conmigo cuando aún era ateo), o algunas veces directamente en Dios Padre y como soy incapaz de meditar porque me quedo dormido, les lanzo preguntas de tipo metafísico, o quizá estas aparecen en mi cabeza. El caso es que siempre recibo respuesta y además de forma inmediata. Evidentemente, no puedo certificar si estas respuestas salen de mi subconsciente o realmente Dios (¿vía el Espíritu Santo, la Virgen…?) las pone “ahí”, pero sí puedo afirmar que son muy claras y concisas y las entiendo perfectamente. La voz es femenina cuando me dirijo a La Virgen (yin) y masculina cuando lo hago a La Trinidad (yan).

La ausencia de evidencia no implica evidencia de ausencia.

El caso es que el último domingo, tras habernos “despedido de la Pilarica”, no había misa y me senté con mis hijos un rato en la nave central, en los bancos adyacentes a la capilla lateral del Carmen. Ellos estaban medio jugando, pero tampoco hasta el punto de molestar a los demás, así que por unos minutos decidí relajarme y hacer mi “meditación”. Miré al frente y la vista se me fijó en el Niño Jesús que tiene la Virgen en brazos y pregunté: “¿Dónde puedo encontrarte?” y la respuesta apareció inmediata en mi cabeza, una voz de hombre joven que decía: “En esos dos pequeños que tienes jugando a tu lado”. Entonces comprendí que la Segunda Persona, el Verbo de Dios está sobre todo muy presente en los niños (y en lo que “piensan” como ellos) y por otro lado, que tenía que dedicar más tiempo “de calidad” a estar con mis hijos, es decir no sólo “acompañando”, sino dedicado en exclusiva y con la atención enfocada en ellos.

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Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo (Mateo 25:40)

Cuando soy yo el que hablo a Dios, directamente o a través de La Virgen, en una iglesia o en cualquier otra parte, como cada vez que despierto por la mañana, lo primero que hago es darle las gracias por estar vivo y por todas las personas y cosas buenas que me rodean en la vida. Nunca pido nada, en todo caso agradezco por adelantado y si no se me ocurre el qué, doy las gracias a secas. Es mi particular mantra cristiano. A veces le doy las gracias por lo que yo pueda haber hecho bien y le pido perdón por lo que pueda haber hecho mal, porque sólo Él sabe distinguirlo con exactitud. Por lo demás, confío en mi conciencia.

Los ateos auténticos, como algunas personas muy cercanas a mí, pensarán que “se me va” o que soy extremadamente “naif”… No, no fumo cosas raras antes de entrar a la iglesia, de hecho hace muchos años que no fumo, ni siquiera cosas raras, simplemente “me he quedado así”. Hay otra tendencia, no sé si muy actual o siempre existió, yo los llamo “los reveníos” (lo siento, soy extremeño, con acento castellano no tiene ni la mitad de gracia), en realidad no lo son, sino creyentes profundamente resentidos con Dios, la iglesia, el ser humano y el mundo; dicen admirar a Cristo y conocer muy bien el Evangelio, casi parecen cristianos puritanos, y en seguida te señalan como “mal cristiano”, desde el púlpito de su incredulidad. Nunca podrán entender a Dios como un creyente metafísico (cristiano, musulmán, budista, judío, hindú…), porque tienen el tercer ojo voluntariamente cerrado (el del culo no, que “os conozco”, el del alma…). Por hacer un símil, por mucho que lean, estudien y piensen el Evangelio, es como alguien que “viera” una y otra vez una película de acción con historia “profunda”, con una venda en los ojos, eso sí, escuchando perfectamente los diálogos, ruido ambiente y banda sonora; toda esa faceta de la película podría llegar a conocerla perfectamente, pero jamás captaría lo sucedido ni el “mensaje” de la historia completos, hasta que no lo hiciera con la venda quitada. De modo que se quedan con una visión “política” negativa, bastante estereotipada del cristianismo, que me enferma y me vacía y que más que una moral, es una moralina. Y luego hay otro sector al que no gusta nada mi visión del cristianismo, son los católicos fundamentalistas que han crecido en la versión del miedo, la culpa, el odio, la intolerancia, el juicio y la venganza y en vez de “rebotarse”, lo han asumido; yo los llamo “el reverso tenebroso del cristianismo” y se parecen mucho en lo de la moralina a los “reveníos”, sólo que con el signo cambiado, en realidad también tienen el tercer ojo cerrado, porque si de verdad creyeran, no estarían tan amargados… Los que sí salen espantados, suelen acabar en “los reveníos” y la verdad que no me extraña que mucha gente acabe así, yo es muy probable que  fuera uno de ellos de no haber crecido en un entorno ateo – agnóstico. Me encuentro a muchas más personas de estos tres grupos que remotamente parecidas a mí, así que, si la verdad es democrática, de un modo u otro, acabaré ardiendo en un infierno de cobardes, pero me da igual, porque esta es la fe que tengo y yo no la he elegido, sino que ella me eligió a mí. Las personas que encuentro más afines a mí, son creyentes de cualquier religión (cada una de las laderas para subir la única montaña que llega hasta Dios) o incluso agnósticas, pero “abiertas a la trascendencia” y desde luego tolerantes y amantes de la pluralidad y la gama de colores del Universo maravilloso que Dios ha creado para que participemos con él en su continua historia y construcción.

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Gracias por leer hasta aquí, menudo ladrillo os he soltado, sólo quería una breve reseña sobre la “revelación” de Jesús y los niños y os he acabado desvelando gran parte de mi filosofía metafísica, bueno, hay a quien interesan estas cosas. Espero seguir compartiendo otras “revelaciones”, creencias y reflexiones con vosotros. Os deseo lo mejor, sed felices sin hacer daño a nadie y no os olvidéis de amar al Creador, a toda La Creación, de procurar hacer a los demás lo que os gustaría que os hicieran a vosotros y de cuidar de vosotros mismos (ayúdate a ti mismo y los demás te ayudarán también).

Abrazos. La ola es el mar.

Las fotos del retablo y la iglesia exterior están libremente disponibles en Internet, la de La Pilarica es de mi cosecha, cada vez que nos ocurre algo “especialmente bueno”, le “caen” unas flores.

Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino y le hundan en lo profundo del mar (Mateo 18:6)

Si os ha gustado este artículo, aquí tenéis otros míos metafísicos / cristianos / relacionados con el sentido de la existencia:

https://jocilesferrer.wordpress.com/2015/11/27/cristianos-buscad-la-belleza/

https://jocilesferrer.wordpress.com/2015/09/03/los-ninos-de-siria/

https://jocilesferrer.wordpress.com/2015/07/16/quarks-y-planetas/

https://jocilesferrer.wordpress.com/2015/07/13/la-historia-del-universo-sigue-una-forma-de-onda-sinusoidal/

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10 comentarios en “Jesús en los niños

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